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Reflexiones sobre el empresariado taurino

    


"El aficionado hace muchísimo por y para la fiesta, e insinuar que los males de la fiesta o la salud de una plaza solo se puede arreglar si el aficionado arrima el hombro obvia una pieza clave de puzle. El empresario, como promotor del espectáculo, también tiene que hacer su trabajo. Ya se acabó el cuento de pegar un par de carteles, abrir la taquilla y que la plaza se llene por su propia inercia. Es el deber de un empresario presentar un producto interesante, o sea una feria o un cartel con mimbres para atraer al público, a un precio que este en consonancia con la realidad social del pueblo". Así enfoca de atinadamente John Gordon, el Club Taurino de Londres, su reflexión sobre el papel que corresponde al empresario taurino.

Repasando la actualidad taurina del invierno, me llamaron la atención dos frases de dos empresarios de distinto perfil que nos permiten hacer unas reflexiones sobre el estado actual del empresariado taurino y el aspecto mercantil de la fiesta.

La primera frase es de Alberto García, de la empresa Tauroemoción,  que dijo, acerca de la corrida de invierno de Vistalegre, que el futuro de la plaza dependía del aficionado e hizo un llamamiento a la afición a llenar la plaza. La segunda frase es de Ramón Valencia, de la Empresa Pagés, que, siendo fiel a su forma de vender los carteles de Sevilla, dijo que la feria de Sevilla del 2017 es más cara que la del año pasado, que a su vez era la más cara que se había organizado.    

Ambas declaraciones me parecen desacertadas, pero debo matizar. Alberto García es un joven empresario queriendo hacerse un hueco en un mundo cerrado, mientras que Ramón Valencia lleva la segunda plaza más importante de España, y debe medir sus palabras en función de esto.

En este análisis iré desglosando mis reflexiones sobre estas dos frases, porque creo que hay mucho juego en cada una de ellas.

¡Vistalegre depende de ti!

Con este titular, Alberto García hizo un llamamiento a la afición para llenar la plaza de Vistalegre en la corrida de invierno este febrero[1]. Estoy de acuerdo que un empresario que se está jugando su dinero no puede estar en este mundo por gusto y si los números no cuadran no tiene más remedio que cerrar el kiosco. Si una afición abandona su plaza y ésta no se llena, es lógico que no se sigan dando toros en ella. Por muchos lamentos que pueda tener el mundo del toro. Pero, de aquí a atribuirle toda responsabilidad al aficionado observo un salto de lógica que no comparto.

Yo, como aficionado, veo a una afición a los toros que esta apasionado por su fiesta. Que acude en masa a una plaza siempre y cuando se le presente una oferta interesante a un precio asequible. Además, veo a una afición que pelea por su fiesta. Una afición que hace valer la fiesta de los toros, que habla de toros con sus compañeros non-taurófilos para comunicarles los valores del toro. Y, por último, veo a una afición que paga para ir a los toros. La afición es a la misma vez el cliente del empresario y su baza de marketing más fuerte.

Así pues, el aficionado hace muchísimo por y para la fiesta, e insinuar que los males de la fiesta o la salud de una plaza solo se puede arreglar si el aficionado arrima el hombro obvia una pieza clave de puzle. El empresario, como promotor del espectáculo, también tiene que hacer su trabajo. Ya se acabó el cuento de pegar un par de carteles, abrir la taquilla y que la plaza se llene por su propia inercia. Es el deber de un empresario presentar un producto interesante, o sea una feria o un cartel con mimbres para atraer al público,  a un precio que este en consonancia con la realidad social del pueblo y, por si esto no fuera poco, hacer una política de publicidad para que todo el mundo se entere que hay toros en su ciudad. Sé que esto no es fácil, pero ser un buen emprendedor es difícil, y en estos tiempos de crisis no hacen falta los lamentos de los taurinos, necesitamos gente dispuesta a trabajar.

 (Entre paréntesis, esta no es una crítica hacía la empresa Tauroemoción, que parece que trabajó el tema de publicidad para Vistalegre; los comentarios de la empresa me parecieron equivocados, pero me han servido para hacer unas reflexiones sobre el estado del empresariado en general más que una crítica especifica hacia ellos).

Así pues, la lectura que saco sobre la declaración que el futuro de una plaza depende de la afición es que el mundillo tiene que cambiar de chip. El negocio del siglo xxi no es el de los años boom de la década de los sesenta del siglo pasado. Hay que elaborar una política de promoción, y además acertar – de poco sirve el trabajo si el planteamiento es equivocado.

Además, no creo que esta es una tarea para un solo empresario. La promoción del fútbol no solo depende del Real Madrid y del Barça – cada club tiene su cometido, claro, pero también hay una política global de marketing gestionada por las federaciones nacionales e internacionales. Es decir, la promoción del fútbol, como cualquier otro deporte de elite, está vertebrado como mandan las leyes del mercado del 2017. Al toreo le falta esta vertebración.

La Fundación del Toro de Lidia está haciendo una buena labor en el campo de la defensa jurídica de la fiesta, y el siguiente cometido parece que va a ser un plan estratégico de relaciones públicas. Claro, que para esto hace falta un compromiso económico importante. Así que no es plan que toda la promoción de la fiesta caiga sobre la Fundación. Todos tenemos que arrimarnos. Una ente global para elaborar el plan general de relaciones públicas, las empresas para promocionar sus propias ferias, los toreros para ser la cara visible de la fiesta, los ganaderos para enseñarle el campo al ecologismo urbano y los aficionados a ser embajadores de la fiesta a pie de calle.

El futuro no depende de la afición, depende de todos.

Sevilla: “la feria más cara”

Ramón Valencia tomó la palabra en la presentación de la temporada sevillana para lamentarse de los costes elevados de producir su feria[2]. Su declaración fue del todo predecible, y seguro que solo esta allanando el camino para decir en una próxima intervención, que la feria ha sido una ruina. Respetuosamente, mi impresión es que el negocio no puede estar tan mal cuando él no lo ha dejado, ni tampoco renegoció el acuerdo económico con los Maestrantes cuando estos últimos se lo ofrecieron hace unos años. Además, los antis, que nos siguen cada movimiento, seguro que anotara el hecho que la segunda plaza de España es una “ruina”, aunque no creo que esta aserción sea del todo cierta.

Sin embargo, las palabras esconden un modus operandi del mundillo que viene siendo la lacra del espectáculo: no se busca aumentar ingresos, sino bajar los costes. La queja sobre los elevados costes de la feria es una táctica clara para querer reducirle el caché a las figuras. El precio de las figuras puede que sea elevado, y quizá por encima de lo que repercuten en taquilla (aunque se vio que sin ellas el abono se desplomó, y con el abono a la baja hay menos competencia por entradas y menos necesidad de sacar el abono, que sigue de capa caída), pero no creo  que Sevilla una de las plazas en la cual la caja no cubre los honorarios de los toreros.

La quid de la cuestión no es si los toreros cobran demasiado, sino, como se pueden crear nuevas fuentes de ingreso para que todo el mundo pueda cobrar lo que le corresponde, y que, como dirían los viejos toreros, que el último duro sea para el empresario.

El mundo de los espectáculos en directo está cambiando. Es más difícil para el ciudadano medio encontrar el tiempo y el dinero para poder acudir a un espectáculo en directo. Es más cómodo quedarse en casa con tu televisión HD y ver el partido de la jornada, o una teleserie a través de Netflix que salir a la plaza para ver toros, al estadio para ver fútbol o al poli deportivo para ver balonmano. Así pues, los espectáculos han tenido que hacer una política de precios con criterio y buscar nuevas fuentes de ingresos a través de la publicidad y la televisión para cubrir los gastos y honorarios de los participantes.

El toreo se ha quedado clavado en el siglo diecinueve y la mayoría de la caja la aporta la taquilla. Tenemos a la contra un mundo de empresas con miedo a patrocinarnos no sea que los animalistas le armen la mundial. La política televisiva de la fiesta ha carecido de estructura, y solo las ferias más fuertes se aprovechan del ingreso que aporta Canal Toros. Habrá que ver el devenir del novedoso Taurocast que, dicho sea de paso, me entusiasma por su medio novedoso.    

Otra vez, la clave es de vertebrar la fiesta para tratar de elaborar un plan global y así aumentar los ingresos. El deporte vertebró su política televisiva en los años ochenta, la consolidó en los noventa, y se está beneficiando de ello a día de hoy. La televisión ayudó en dos vertientes, primero en promocionar el espectáculo (a título personal apenas tendría contacto con el deporte sin la televisión) y segundo en aportar una nueva fuente de  ingresos. También el mundo de la música y el deporte ha sido ejemplar en comercializar su imagen – no hay ningún concierto musical ni una temporada de fútbol que está completa sin la camiseta del grupo o del equipo.

Por supuesto, en cada plan de ingresos hay que cuidar la esencia y el misterio de la fiesta, pero tampoco podemos usar el halo místico de la fiesta para excusar la pereza empresarial que nos impida avanzar.

Volviendo a las declaraciones de Ramón Valencia, hay que cambiar la mentalidad mercantil de un sector que solo mira a los costes y no elabora un plan de trabajo para aumentar los ingresos. En el siglo xxi los espectáculos de elite, y no cabe la menor duda que si hay un espectáculo de elite esta es una tarde de toros en Sevilla,  tienen unos gastos de producción altos. El talento del empresario cae en venderlo el espectáculo para que la taquilla sea la más alta posible (recordando mi reflexión acerca de las declaraciones de Tauroemoción) y buscar y trabajar nuevas fuentes de ingresos.   

¿Que sistema queremos?

Hay un hilo en común entre los comentarios de Tauroemoción y Ramón Valencia, y es que los dos problemas que resaltan no los puede resolver una persona. Hay que vertebrar a los comerciantes del toreo para que tengan la fuerza que solo puede aportar un colectivo. El marketing es algo tan complejo, y es una cancha tan amplia, que necesita un plan estratégico general más allá del trabajo de cada empresario en su plaza. Mismamente, la opción de generar ingresos más allá de la taquilla requiere de una limpieza de imagen de la fiesta en general.

Decir que el toreo tiene que vertebrase no es decir nada nuevo. Lo verdaderamente novedoso sería buscar una fórmula que pueda ayudarle al mundillo a vertebrarse. En este sentido creo que el éxito de la Fundación es instructivo. Los integrantes de la Fundación entendieron que el mundo del toro está lleno de rencillas, y no tenía sentido en enfrentarse a ellas. Así que, la Fundación buscó los puntos en común que tiene la Fiesta, que es la defensa de la misma contra los antis, y ha trabajado sobre este plan.

Así pues, los comerciantes del toreo podrían trazar los puntos en común que tienen y trabajar sobre ellos para vertebrar el aspecto comercial del toreo. Por supuesto, este trabajo debería ser en conjunción o paralelo, pero nunca en contra, del trabajo de la Fundación. Ya que por fin tenemos un colectivo que trabaja por la fiesta no es plan de cargárselo con un ente que trabaje a la contra.

Habrá quien diga que soy un iluso, que las casas empresariales, grandes y pequeñas, todas se pelean por un trozo de la tarta de la fiesta y no habrá manera que trabajen juntos. Pues, muy bien, seré iluso. Pero que luego no vengan con lágrimas porque el negocio se ha cerrado. Una parte importante del futuro de la fiesta está en las manos del empresariado, y si se la cargan por falta de trabajo la culpa será de ellos, y no de un aficionado que no fue a Vistalegre el 25 febrero 2017.

____________________

 [1] http://www.burladero.tv/actualidad/vistalegre-depende-de-ti

 [2] http://www.taurologia.com/paradoja-sevilla-2016-feria-cara--4531.htm 

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